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El poder destructor de la división

Publicado por Rodolfo Rojas en

“Pero tan cierto como que yo vivo, y que mi gloria llena toda la tierra, ninguno de los que vieron mi gloria y las señales que hice en Egipto y en el desierto, los cuales ya me han puesto a prueba diez veces y no han querido obedecerme, llegará a ver la tierra que les prometí a sus padres. ¡Ninguno de los que me han rechazado la verá!”
Números 14:21-23 RVC
La división, un ladrón de resultados extraordinarios
Dios, en sus matemáticas, sólo llega hasta la multiplicación con nosotros, pero al diablo es al que le gusta trabajar con la división. Creo que nadie en la historia entiende mejor este punto que Josué y Caleb. Ellos experimentaron en carne propia, las horribles consecuencias de no tener un equipo unido trabajando bajo una misma visión y propósito. Cuando el equipo de 12 espías volvió de reconocer la tierra, hubo diez de ellos que reconocieron que la tierra era buena, pero también comenzaron a verter un espíritu de temor sobre el pueblo, hablándole sobre los terribles gigantes que habitaban la tierra y además del gran tamaño de las paredes y muros de las ciudades. Consecuentemente, este espíritu dividió y apartó al pueblo de la visión y misión que debían cumplir. A la misma vez, Josué y Caleb trataban de persuadir a la gente del pueblo recordándoles que Dios estaba con ellos y que los comerían como pan. Aquel día todo un pueblo, que estaba preparado para entrar en una época de posesión y conquista, perdió su oportunidad por haber puesto oído al espíritu destructor de temor y división transferida por los diez espías.
Estar juntos no es necesariamente una indicación que estamos de acuerdo. Un día, dos hermanos de nuestro ministerio determinaron ir a predicar en las calles de Estocolmo. Mientras predicaban, se encontraron con otra persona más, que a veces también asistía a nuestra iglesia, y quiso acompañarles. En un momento los dos hermanos que andaban predicando sintieron fuertemente en su corazón ir a predicarle a alguien que estaba por allí, a lo que esta tercera persona que se unió a ellos, se opuso porque, según él, la persona a quien se le iba a predicar tenía un corazón duro, rebelde y se burlaba de los creyentes. Los dos hermanos seguían sintiendo el impulso del Espíritu Santo, mientras que el otro hermano seguía insistiendo que no era buena idea que le predicaran a ese hombre, ya que no escucharía. Finalmente los dos hermanos me contaron cómo se habían acordado de este alineamiento y determinaron deshacerse de este tercer hermano que habían encontrado aquel día en la calle e ir a esta persona, que aparentemente no tenía ganas de oír el evangelio. En conclusión, este hombre, quien supuestamente era duro y rebelde, terminó aceptando que se le predicase y aquel mismo día recibió a Cristo en su corazón. Esto nos muestra que cada vez que tratemos de ganar almas y haya alguien que no esté en el mismo espíritu, esa persona puede ser la causante de que no podamos levantar la cosecha.
En otra ocasión iba a enviar un equipo de nuestra iglesia en Estocolmo a ayudar otra de nuestras iglesias en Europa. Estas personas ya tenían hasta sus pasajes pagados, pero a pesar de eso estuve a punto de no dejarles ir a este viaje, por causa de una división que percibía en este equipo, la cual podía poner en riesgo toda una operación de salvación. Podíamos terminar perjudicados o destruidos al tratar de ir a tomar una ciudad bajo un espíritu de división. Sabía que seríamos totalmente ineficaces en ganar almas y en tratar de tomar la ciudad con un equipo en el cual no había un alto nivel de acuerdo. Les hablé y los confronté, les ministré este principio y se humillaron en arrepentimiento ante Dios, reconocieron sus pecados los unos a los otros y a partir de ese día comenzaron a caminar en acuerdo y respeto. Finalmente este equipo fue uno de los que más fruto obtuvo ganando en pocos días multitudes de personas para Cristo.

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