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La unidad y el acuerdo son catalizadores de resultados sobrenaturales

Publicado por Rodolfo Rojas en

“Cuando los setenta y dos volvieron, estaban muy contentos y decían: «Señor, en tu nombre, ¡hasta los demonios se nos sujetan!» Jesús les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren que yo les he dado a ustedes poder para aplastar serpientes y escorpiones, y para vencer a todo el poder del enemigo, sin que nada los dañe.”
Lucas 10:17-18 LS
Unidad que atrae a Dios para respaldar proyectos.

Nadie camina en tan perfecta unidad como Dios, son tres pero es uno, y ese uno se expresa en tres. Es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Su unanimidad es tan extraordinaria que nuestra mente no alcanza a entender esta maravillosa trinidad. De la manera que el enemigo anda en búsqueda de destruir, produciendo enemistad y segregando al Cuerpo de Cristo, de esa misma manera el Espíritu Santo busca operar en nuestras vidas reconciliándolas, fusionándolas y tejiéndolas unas con otras para que lleguemos a caminar en la unidad bajo la que Él camina con el Padre y el Hijo.

Recuerda que siempre que operas en unidad con Dios y en acuerdo con alguien para cumplir la visión de Dios, atraerás al Señor al proyecto. Si la división causa efectos desastrosos, entonces la unidad en el reino de Dios causará también efectos y resultados únicos. Cuando los setenta fueron enviados, no sólo hicieron lo encomendado, sino que también fueron en un espíritu correcto que les capacitó para operar en una mayor dimensión que la que había operado en los 12. Lo tremendo es que este equipo de 70 discípulos afectó el mundo espiritual, derribando los principados y al mismísimo Satanás. Cuando las potestades más altas, que operan en las esferas espirituales, comienzan a caer en las ciudades, inicia un proceso de apertura en los cielos y de recepción sobrenatural del evangelio aquí en la tierra.

Operando en un mismo espíritu en la visión de las almas

Cuando Israel salió del cautiverio y esclavitud de Egipto por mano poderosa y milagrosa de Dios, Moisés, quien dirigía al pueblo por el desierto, tuvo un encuentro con su suegro quien aconsejó a Moisés establecer un liderazgo con jefes y capitanes de millares, de cincuenta, cien etc. La idea detrás del consejo de Jetro era que Moisés supiera operar y trabajar con un equipo que le pudiera alivianar la carga. Pero aunque el consejo le salvó la vida a Moisés, Dios se dio cuenta que no sólo Moisés necesitaba tener un equipo que le ayudara a realizar la obra de dirigir al pueblo, sino que también necesitaría gente que funcionara sincronizada con él en un mismo corazón y espíritu. Es entonces que Dios le pide a Moisés que lleve a setenta personas para tomar del espíritu que había en él y así ponerlo en los setenta que estarían liderando junto con él:


“Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo. Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo.” Números 11:16-17

El mundo nos puede enseñar mucho sobre liderazgo y cómo conformar equipos, pero sólo Dios nos puede enseñar las leyes de impartición para no solamente tener un equipo que trabaja diligentemente, sino que también uno que entiende el corazón de la misión, el espíritu y el porqué hacemos lo que hacemos. Hoy, en nuestros equipos ministeriales y los obreros que se levantan en la iglesia, necesitamos asegurarnos que han experimentado el trasplante de su corazón y que ven a las personas así como Dios las ve. Tener gente que opera en otro espíritu puede terminar destruyendo más que edificando.

Una iglesia local o un ministerio que quiere llegar con el evangelio a su comunidad, ciudad o nación necesitará revisar y evaluar su corazón en lo que respecta a ganar y discipular almas, ya que mucha gente nueva significará también muchos nuevos problemas con los que habrá que tratar. Necesitamos entender que mucha de la gente que Dios traerá, no siempre respetará los códigos de vestimenta o lenguaje de la iglesia, muchas veces los nuevos no entienden el protocolo de nuestras iglesias y pueden llegar a desordenar el “orden” por el que tanto hemos luchado. Es igual que una familia; los niños llegan a casa y pueden desordenar, hacer mucho ruido, despertar en la noche y llorar sin parar, y aunque todo esto no siempre es lo más cómodo, es señal de que en esta casa hay vida.

Tenemos que conformar equipos que trabajen juntos y unidos bajo una misma unción y visión de ganar y no perder el fruto que Dios está dando.

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