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Recuerda tu deuda impagable

Publicado por Rodolfo Rojas en

“¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?” 
Salmo 116:12

“Para mí no es motivo de orgullo anunciar el evangelio, porque lo considero una obligación ineludible. ¡Y ay de mí si no lo anuncio!”
1 Corintios 9:16 NTV
¿Tienes con qué pagar?

Servir a Dios. ¡Qué gran privilegio! Fuimos escogidos, antes de la fundación del mundo, para servir al único y verdadero Dios. Hemos sido tomados y asidos por Dios, para tocar su obra con nuestras propias manos. Mientras algunos trabajan con orgullo para Mercedes Benz, otros para IBM, Nokia, Apple, etc., nosotros hemos sido llamados para servir a Dios en la única “empresa” de valor y beneficio eterno. En mil años, quizás estas grandes empresas de renombre ya no existirán, pero Dios y su Iglesia, estarán celebrando. Lo que hacemos aquí en la tierra y en el presente, tendrá su repercusión en la eternidad. Si tú sirves a Dios, siéntete privilegiado, honrado y valorado. ¡Dios mismo te ha escogido!


“Sin embargo, predicar la Buena Noticia no es algo de lo que pueda jactarme. Estoy obligado por Dios a hacerlo. ¡Qué terrible sería para mí si no predicara la Buena Noticia!”
1 Corintios 9:16 
Todo hombre y mujer que sirve a Dios debe siempre recordar, por qué lo hace. Ninguno de nosotros, que hoy estamos en púlpitos, y estamos en continua ministración, no estamos ahí porque estudiamos en institutos o escuelas bíblicas, sino primeramente por la extraordinaria bondad de Dios. No olvidemos las palabras, “Porque por gracia sois salvos”. Esto se puede olvidar fácilmente con el transcurso de los años. Estamos ministrando porque Dios, en su infinita misericordia, nos escogió, y por fe y gracia hemos recibido (no merecido) la salvación y un ministerio para servir.

Aunque nunca podremos pagar nuestra deuda para con Dios, al ganar y discipular las almas tenemos nuestra oportunidad de poder decir, “Gracias por lo que hiciste por mí en la cruz.” Pagamos los beneficios de Dios con nuestro servicio y amor por las almas. Esta deuda nunca será pagada, pero hemos sido impactados de tal manera por su amor, que lo único que queremos es poder servirle. No sé si alguna vez sentiste en tu corazón que querías servir a Dios, no importaba en qué cosa, no importaba si no era un trabajo noble o público, lo importante era que te dejaran hacer algo. Eso sucedió porque el amor que emanaba de tu corazón hacia Dios era tan grande, que sentías la necesidad de hacer algo. Pablo, escribe a los romanos: “El amor de Dios nos constriñe…” Lo que él apóstol nos dice, es que es el amor lo que nos “empuja”, nos “conduce de una manera violenta” a servirle. No olvidemos que servimos porque estamos agradecidos. Al realizar la obra de Dios, es importante que dejemos los títulos que la gente nos ha dado de lado, y sirvamos no porque la posición de liderazgo nos lo exige, sino porque un día estábamos perdidos. Él dejó las noventa y nueve ovejas de su rebaño y vino a buscarnos, vendó nuestras heridas, nos dio un corazón sano, y nos dio talentos y dones para que le ministrásemos. No servimos porque nos pagan, sino porque, primeramente, estamos agradecidos por aquello que Él hizo por nosotros en la cruz del Calvario. 

Hacemos lo que hacemos simplemente porque estamos agradecidos y endeudados eternamente con el amor del Padre.

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